miércoles, 21 de agosto de 2019

J ha vuelto.

Desde que tengo uso de razón, siempre me he culpado de casi todas las cosas que me han pasado o que le han pasado a alguien cercano a mí. Si algún amigo ha estado mal, era culpa mía. Si no le gustaba a un chico, era culpa mía. Si alguien se iba de mi vida, era culpa mía. Y así una larga y extensa lista de culpas y negatividad. Ahora, que me considero un poco más madura, veo que realmente yo no tuve la culpa de nada de lo que estaba pasando a mi alrededor, pues yo no puedo controlarlo todo. ¿Qué sentido tiene culparme por no gustarle a un chico?, cada persona siente lo que siente, y los sentimientos no pueden forzarse. ¿Qué sentido tiene culparme por que una persona se haya ido de mi vida? ¿Acaso se puede obligar a alguien a no querer irse nunca de tu lado?, no, e intentarlo y echarlo de menos solo te hará sentir peor. 
Sé, que como yo, hay mucha gente que siempre va a pensar que es un cero a la izquierda, y que nunca aportamos nada al mundo, pero voy a deciros algo, tú no tienes la culpa de que no te supiesen querer, porque siempre estuviste hecha de ilusión y ganas. Sé al 100% que a ese/a amigo/a que estaba mal, intentaste sacarlo de la mierda aunque eso conllevara hundirte con él, y no, porque una persona que te dice lo que tienes que hacer y lo que no, y te da órdenes y te hace sentir mal, no es un amigo, es un peso innecesario que va a amargarte hasta que te desprendes de él. Y sé, que esa persona que ha decidido irse de tu lado, aunque tú no querías, y aunque lo echas de menos, antes de irse hiciste TODO para que fuera feliz, y seguiste apoyándolo aún después de haberse ido, a pesar de haber hablado mal de ti, y haber dicho mentiras, etc. Pero la gente como nosotros somos así, y no vamos a cambiar. 
Pero no todo es malo. Algún día, encontrarás quien te entienda y no quiera cambiar nada de ti, ni de tu extraña forma de ser. Y te hará tan feliz que se confundirán los sueños con la realidad. A partir de ese momento, te darás cuenta de que los tropiezos y las caídas solo fueron parte del camino, Y que para llegar a este punto, en el que sonríes como una idiota, esas caídas tenían que pasar. No te sientas mal por ello. Porque los que no supieron quererte te han ayudado, mostrándote lo que realmente tienes que alejar de tu vida.


-J.

lunes, 17 de junio de 2019

Los dieciocho.

Y si con dieciocho años no haces lo que te da la gana dime entonces cuándo. ¿Cuándo?
No hablo de cosas como no hacerle caso a tus padres, ni escaquearte de tus obligaciones, no. Cuando hablo de hacer lo que te da la gana me refiero a ser tu misma sin importar lo que opinen los demás, elegir lo que quieres ser y lo que quieres hacer, y las personas que quieres que te rodeen. Eso sí que puedes elegirlo, y además está en tus manos. Hablo de pintarte las uñas de negro si eso es lo que quieres, de tintarte el pelo de azul, de escuchar Camela o Beret, o de comer dos bolsas de pipas diarias, hablo de sonreír porque quieres y no para complacer a nadie, y de enfadarte si te dan los motivos necesarios, hablo de saltar por la calle y cantar a pleno pulmón tu canción favorita, o gritar su nombre o el tuyo las veces que te dé la gana, hablo de decidir tu vida a tu manera porque para eso es tuya, y los demás que aporten o se aparten, hablo de afrontar las cosas como quieras o puedas, hablo de saber reírte hasta de ti mismo, hablo de llamar la atención por tu forma de ser, por ser tú. Hablo de encerrarte en tu habitación y ponerte los cascos a tope y cantar canciones con palabras que no existen, de leer libros por la calle o de no leerlos si no te gusta, hablo de querer, hablo de sufrir y de aprender de los errores, hablo de confesar tus secretos a quién quieras y a quién te dé la gana. Puedo hablaros de muchas cosas, pero de lo que no puedo hablar es de enamorarte, porque eso no lo eliges tú, ni tú ni nadie.
Porque tenemos toda la vida por delante, para equivocarnos y para aprender. Pero ahora, a los dieciocho, es el momento de equivocarnos, y de arriesgarnos, tenemos toda la vida para aprender. Porque si no es ahora, ¿cuándo?

-J.

martes, 11 de junio de 2019

Pasar página.

Creo, sin ninguna duda, que para mí no hay nada más difícil que dejar ir a una persona que quieres. Aunque esa persona no te quiera, o quiera que te vayas, o te destroza cada vez que abre la boca, tú sigues ahí. Yo sigo ahí, y me niego a irme. Ese es mi problema; hago demasiado por gente que no merece que lo haga. Creo que es miedo. No miedo a estar sola, si no miedo a pasarte la vida buscando a otra persona igual para que sustituya a la que se ha ido, y no.
Duele. Es triste poner punto y final a capítulos de la historia, pero si no lo haces...es imposible redactar historias nuevas, con nuevas personas, y quizás con la nueva tú.
Sólo me encuentra quién me busca.

-J.

sábado, 1 de junio de 2019

¿Olvidar es bueno o malo?

A lo largo de mi vida, me he equivocado muchas veces, he actuado a la ligera o no he actuado directamente (no tengo punto medio, lo sé). Muchas veces he deseado borrar un día, un instante, un momento, o incluso un año, borrarlo todo y vaciar mi memoria (supongo que como yo, habrá más gente).  Cómo cambia el tiempo. De pequeños queríamos crecer y al crecer queremos volver a ser niños; volver a ser niños, hacer las cosas de nuevo (y a veces mejor), recuperar lo que se fue o dejar que el tiempo ponga las cosas en su lugar.
Yo, personalmente, no espero nada del tiempo. Me da lo mismo avanzar o regresar. Creo que el tiempo es el que finalmente va a decidir dónde va cada cosa, entonces es una pérdida de tiempo intentar controlarlo, pero lo que sí podemos hacer es aprovecharlo, porque la vida son cuatro días y ya vamos por el segundo. 
Bueno, que me voy del tema; Al principio del post, he hablado de que muchas veces nos gustaría olvidar algunas cosas, pero si perdiésemos completamente la memoria, podríamos "empezar de nuevo pero ¿cuántas cosas perderíamos?. Serían como aquellas cosas que se extravían en una mudanza o en un viaje y luego se echan de menos. Perderíamos la infancia con nuestro seres queridos, la nostalgia por amores pasados, la inocencia de cuando nos entregamos a lo desconocido por primera vez. Quedarían atrás los amigos que iban a ser para siempre, las cartas que nos hicieron llorar, la primera vez que tomé en brazos a mi precioso husky de ojos azules, la primera o última vez que vimos a nuestro gran amor, los mejores abrazos, el día que se iba a caer el mundo, el sufrimiento que mereció la pena, la sonrisa más perfecta. Entonces, ¿en realidad empezamos una nueva vida o matamos otra llena de recuerdos?.
Dejamos una vida y un presente que nos da infinitas oportunidades por soñar con un futuro perfecto o un trozo de cielo en el que no sabemos que nos espera. ¿Vale realmente la pena querer olvidar todo?.

J.

lunes, 27 de mayo de 2019

Principios o finales.

¿Os habéis dado cuenta de la cantidad de cosas que perdemos por el miedo a perder?. No sé vosotros, pero yo voy por la vida con pose de mega segura, y de segura no tengo nada. Me cuestiono cien veces las cosas, no me arriesgo y me quedo sentada esperando que las cosas me caigan del cielo, y así me va. He estado mucho tiempo esperando que algo se accione, una señal, pero ahora me empiezo a dar cuenta que quizás la señal soy yo misma. Nos da miedo enamorarnos por si acaba cuando es que ni siquiera ha empezado. Y es que quizás puede que todo tenga un principio y un final. Puede que al final no sirva de nada luchar y puede que un día despertemos y al abrir los ojos el dolor ya no exista... La vida cambia y con ella todo.
Las cosas empiezan y acaban, o no, quién sabe. Puede que llegues a la cima y luego te caigas, o que no llegues nunca; pero mantenerse es lo difícil, hacer que dure. Porque puedes tenerlo todo y no tener nada... Lo mejor que puedes hacer es aprender a diferenciar lo que realmente importa, lo que te afecta más y lo que puede cambiar tu vida; focalizar tu atención en esas cosas y no perder el tiempo en pequeños detalles que al final te hacen más mal que bien. 
A lo largo de la vida las victorias y las derrotas van y vienen. Solo quién te quiere permanecerá a tu lado.

-J. 

jueves, 23 de mayo de 2019

Esa persona.

No suelo pensar demasiado en el pasado, porque cada vez que lo hago acabo peor de lo que estaba, básicamente. Pero a veces es necesario mirar atrás para ver todos los obstáculos que has superado, cada piedra con la que creías que no dejarías nunca de tropezar... y un día ves que ya la has pasado. Es de humanos cometer errores, y los errores son necesarios para aprender y no volver a cometerlos. Siempre habrá gente protegiéndote para que no los cometas, pero si no lo haces no crecerás (siempre diré que se aprende más con los daños que con los años). 
Yo soy esa clase de personas que no se rinde fácilmente pero que a la mínima se me viene el mundo encima y me agobio, aunque sólo durante cinco minutos.
 También soy alguien fácil de convencer, los que mejor me conocen me lían enseguida para hacer alguna chorrada; pero también soy difícil para hacerme entrar en razón, para mí siempre llevo yo la razón, aunque no la lleve.
Suelo ser esa persona la cuál no le cuesta nada ponerse en el lugar de otra persona. Esa persona que aunque lo intentes, nunca llegas a conocer del todo, con sus misterios y secretos, tan tóxicos a veces. 
Esa persona, que sin querer, sonríe para parecer mucho más fuerte.

-J.

lunes, 20 de mayo de 2019

Algo de mí

La mayoría de las personas que leen mis chorradas me dicen que debería escribir cosas más alegres, no tan triste todo, ¿pero cómo escribir cosas buenas si hay tan poco bueno en mi cabeza?
Nunca he sido sin ser, pero a veces ni siquiera consigo ser a medias, y así con todo. No puedo querer a medias, o no te quiero nada o te quiero muchísimo. Soy cabezota, orgullosa, sincera y directa. Busco la energía de mi vida en cualquier lugar. Me cuesta mucho pensar antes de actuar, como bien sabréis ya, de echo casi no lo hago porque no suelo arrepentirme de lo que digo, y es mejor arrepentirse de hacerlo que de no hacerlo, mejor quedarse con un no que con la duda. Me tomo las cosas en serio, aunque a veces me parecen demasiado "heavys" para no reírme. Soy diferente a los demás, a cualquier persona que hayas visto hasta ahora. Me encanta llevarle la contraria a los demás, y me gusta tener la razón siempre, y no paro hasta que no la tengo (eso a veces es un problema). Siempre digo que soy un muy impaciente, porque cuando quiero algo lo quiero en el momento y también porque digo que no soporto nada, pero luego...cuando me doy cuenta de todo lo que he soportado y soporto a día de hoy, me doy cuenta de qué soporto demasiado (no sé si tengo tanta paciencia por los sobrinos que tengo o por los inmaduro que tengo). Soy puntual (la mayoría de las veces) y casi siempre una incomprendida. Odio que me hagan promesas que no van a poder cumplir tanto o más que hacerlas. Odio mentir y que me mientan. Aborrezco a las personas ignorantes frustradas por su propia mierda de mi vida, a la gente sin personalidad, y a las personas con más noches que la luna. Doy todo sin esperar nada, porque no me hace falta. Antes me encantaban los abrazos sin motivo y por sorpresa, ahora los abrazos no me gustan demasiado, me quedan pequeños en comparación con los otros abrazos...los que nunca más voy a volver a tener (pero este no es un post triste tata). 
Me preocupo por nada o me preocupo por todo. Tengo mil defectos y dos mil manías. Aspiro a demasiado. Camino lento pero segura.

-J.

jueves, 16 de mayo de 2019

Soledad

La soledad es la circunstancia de estar solo o sin compañía. Sin embargo, para mí eso no es la soledad. Para mí la soledad es sentirse solo básicamente, y la peor de todas es sentirte solo estando rodeado de gente.
El estado de ánimo que más experimento es la soledad. Siempre me siento sola y eso que casi nunca lo estoy. Y es que son muy pocas personas las que consiguen que deje de sentirme sola, pero por circunstancias de la vida o del destino o de lo que sea, esas personas siempre acaban yéndose de mi vida. No importa lo que haga o lo que no haga, o los amigos que tenga o los que no...estoy sola.
Todos en algún momento nos sentimos solos aunque estemos acompañados, todos buscamos el pertenecer aunque ya seamos pertenecidos y aunque estemos solos, estamos unidos en la soledad. 
Lo mejor de la soledad, es que tú mismo levantas muros para que nadie llegue a conocerte realmente, y así descubres quién intenta tirarlos, aunque cueste y aunque haya un muro detrás de otro, las personas que están ahí, teniendo toda la paciencia contigo y con tus muros, esas son las personas que realmente te quieren y van a estar ahí, en las buenas, en las malas y en la soledad.
Todo lo que estás temiendo y los muros que has construido caerán alguna vez pero tú puedes cerrar los ojos, porque yo aún seguiré aquí por la mañana.

-J.

lunes, 13 de mayo de 2019

Sin título.

A lo largo de mi vida me han gustado pocas personas de verdad, no he sido de las típicas chicas que cada semana le gustaba un chico diferente. Tengo muchos conocidos, pero muy pocos amigos, de hecho puedo contar con los dedos de una mano a las personas en las que confío plenamente. Me han decepcionado tres millones de veces, pero también me han sorprendido unas cuantas. Soy de las personas que siempre piensa mal, que soy negativa, porque prefiero sorprenderme que decepcionarme. Siempre digo que las primeras impresiones pueden engañar, pero suelo juzgar a primera vista, porque hay personas que las ves venir enseguida. No suelo llevar reloj casi nunca, aunque para mí el tiempo es importante. En un día, puedo decir la palabra odio unas mil veces. Odio las mentiras (más que cualquier otra cosa), el café, mis cumpleaños, la gente sin personalidad, los gilipollas sin razón, entre otras cosas... pero también adoro muchas otras cosas como dormir, hacer el tonto, cantar, pasar el rato con mis fundamentales, las pelis en compañía, su compañía...
Nunca me olvido de alguien que me ha querido de verdad. Soy muy impulsiva. Intento olvidarme y deshacerme de mis impulsos, pero me pueden, y la mayoría de las veces actúo y luego pienso. Por cabezota, he perdido muchas veces, pero he ganado otras tantas. Conmigo nunca nada está perdido, porque dicen que ninguna causa está perdida mientras haya algún insensato dispuesto a luchar por ella, y esa insensata suelo ser yo. No sé si está bien o mal mi forma de actuar, pero a estas alturas ya me da igual. No me gusta que opinen de mi, o que hablen de mí si yo no estoy delante, y si haces eso no tienes nada que hacer (aunque eso es algo que no se puede evitar, sobre todo la gente que no tiene vida). Quizás no soy la chica que todo hombre quiere, pero al menos no soy la chica que cualquiera tiene.

-J.

jueves, 9 de mayo de 2019

Hagas lo que hagas no.

Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que no.De que hagas lo que hagas no. De que no te valoran como te mereces, que no te quiere como tú le quieres. Y no. Pero sigues ahí, por si cambia de opinión, por si vuelve. Y así pasan los días, las noches y la vida. Pierdes el tiempo por personas que realmente no merecen la pena, que no les importa si te vas o si te quedas hasta que te necesitan. Y es triste. Pero más triste es que a pesar de saberlo, no te mueves. Y en algún momento te darás cuenta que has hecho demasiado por alguien y que el siguiente paso sólo puede ser pararte, alejarte y dejarlo solo. No es que estés renunciando o que no lo hayas intentado con todas tus fuerzas, es que debes entender que has sobrepasado la línea de la determinación hacia la desesperación. Después de todo, da igual que pase un mes, o un año, o diez años, lo que es verdaderamente para ti tarde o temprano lo será, y lo que no lo es, no importa lo mucho que te esfuerces porque nunca lo será. Puede que esto parezca muy cruel, sobreentendiendo que aunque luches por alguien no vas a conseguirlo nunca, pero es que hay veces que luchas tanto que te quedas sin fuerzas para luchar por cosas que realmente sí que merecen la pena, para que luego realmente esa persona por la que tanto luchas y te desvives sea un completo imbécil. Cuando logras entender esto, realmente tu perspectiva cambia (por lo menos la mía cambió). 
Y es que al final, quien está, es porque quiere estar. Lo demás sólo son excusas.

-J.

lunes, 6 de mayo de 2019

Olvido.

Dicen que para olvidar a alguien no hay mejor medicina que el tiempo, que la distancia hace el olvido, que todo pasa por algo. Sin embargo, hay personas que marcan un antes y un después en nuestras vidas, y aunque nos resistamos viven con nosotros cada día (en una canción, en un olor, en una conversación...)
Nos empeñamos en borrar de nuestra mente a aquellas personas que se han ido, por las que hemos sentido, deseamos olvidar miradas, sonrisas e incluso momentos. Dicen que es tan corto el amor y tan largo el olvido...y quizás sea, porque sencillamente, no debamos olvidar, sino aprender a vivir con el recuerdo, por sin él, no seríamos lo que somos. Porque mirándolo desde fuera, no crecemos con los años, sino con los daños, y nuestra personalidad no sería la misma si no nos hubiésemos equivocado tanto, sino nos hubieran hecho tanto daño. Estamos hechos de experiencias del pasado. Somos lo que somos gracias a esas personas, las que se han ido y las que siguen ahí. Las que nos han hecho tan fuertes, y otras veces, tan vulnerables, con las que hemos conocido el miedo, el riesgo, el amor, la inocencia, la ilusión y la decepción, personas que nos han permitido conocernos un poco más.Y es que hay personas que vale la pena recordar. Ese momento en el que pensabas que no ibas a volver a enamorarte, que no volverías a ser feliz y que nadie iba a quererte, pero de repente llega una persona que te demuestra que tu corazón está mas vivo que nunca, y te das cuenta de que después del primer amor llega el segundo, y que lo que te dolía hace dos días hoy te parece una tontería; o ese momento en el que descubres lo que te da estabilidad y lo que te hace dudar. Estos son los momentos que forman nuestra personalidad y que generan sentimientos que guían nuestro camino.
Y el truco está en saber elegir qué olvidar. Si esa persona te duele, olvídala, pero quédate con el porqué quieres olvidarla. De lo contrario, corres el riesgo de volver atrás. La realidad es una, aunque a veces parezca la opción más dolorosa, igual que lo malo viene, se va. Y es más fácil aceptarla si te apoyas en hechos del pasado, si tienes presente lo que fue, para entender por qué hoy no es. Borra su cara, sus caricias, sus enfados, sus sorpresas, pero no borres lo que te hizo sentir, no borres lo que sentiste cuando te abrazó en el momento que más lo necesitaste, y tampoco olvides su desprecio que te hizo llorar toda la noche.
No olvides lo bueno para vivir en paz y no olvides lo malo para sonreír porque ya no está.

-J.

jueves, 2 de mayo de 2019

Tormentas

Dicen que es en medio de las tormentas
donde nos hacemos fuertes.
Y no lo pongo en duda.
Me he visto caer
levantarme
volver a caer
volver a levantarme
volver a caer
y volver a levantarme.
Y juro que en cada caída,
los golpes duelen menos
las heridas cicatrizan antes
y juro que cada vez que vuelvo a levantarme
lo hago siendo otra
más fuerte
más dura
más grande
más valiente
más yo.
Por eso,
yo,
antes cobarde,
antes con miedo,
antes dolor,
antes ceniza,
ya no le tengo miedo
a las tormentas.

-J.

martes, 30 de abril de 2019

Envidia

De gente trastornada y que no está bien terminada está el mundo lleno pero hay gente que se pasa, os lo juro. Que dicen por ahí que las mentes ocupadas, las almas limpias y los corazones satisfechos no se meten jamás en la vida de nadie… Y yo me pregunto cuánta cantidad de mierda debe haber en la vida de algunxs para que me vengan a tocar los cojones día sí y día también.
 Que hay gente que vive en guerra y mira, yo paso, bastante tengo con lo mío como para ir jodiendo por ahí a los demás, cada uno lleva su procesión por dentro y juzgar sin conocer es algo patético. Pero que ya no sé si es aburrimiento, enfermedad o trastorno psicótico pero miraoslo por dios y dejad de joder a los demás. Y como no quiero darle a nadie más importancia de la que se merece voy a ser clara y directa.
 1.    Vete a un puto psicólogo y deja de meterte en la vida de los demás porque la tuya sea una mierda (lo tuyo empieza a ser preocupante).
 2.    Haz algo por tu puta vida (estudia, trabaja, vete al gimnasio, CUALQUIER COSA que haga que me superes de una puta vez, gracias)
 3.    Deja de tocarme los cojones (no voy a entrar en tu guerra de mierda porque cariño, yo estoy por encima, no sé si te has dado cuenta)
 Y sobre todo, y muy importante, cómprate una PUTA VIDA y deja de joder a los demás con tu mierda. Que a nadie le interesa. Que la vida sigue. Que solo haces el puto ridículo. Que paso de ti. Que yo estoy mejor que nunca. Y que al final como no mastiques bien esa envidia, te vas a acabar atragantando.

-J.

jueves, 25 de abril de 2019

Mi estilo de vida

Sé que últimamente solo escribo mierdas tristes y deprimentes pero es que yo soy de esas que cuando escribo, lo hago desde el corazón, y mi corazón lleva unos meses demasiado destrozado para poder ser la super woman que era antes. Porque, ojalá esa superwoman fuera un super héroe de verdad y no una chica de dieciocho real con sus problemas reales y sus mierdas reales. Ojalá. Y es que mi vida a veces parece una peli de ciencia ficción, otras un dramón de la tres y otras una comedia americana.
Aunque la verdad, es que hace un tiempo que no salgo del puto dramón de mierda que me vendieron los de antena 3. Y tanta basura disfrazada de realidad no ha hecho más que convertirme en una amargada, con cara de amargada incluida, que lucha por encontrar la puta felicidad esa de la que habla todo el mundo y que yo no consigo ver por ninguna parte. Y mira que lo intento. Porque ni a dramática ni a luchadora me gana nadie, y cuando entro en la batalla solo voy con una idea: ganar. Y si no gano, es que aún no ha terminado. Supongo que todo viene de ahí. De no saber irme de la batalla cuando ya está perdida. De obsesionarme tanto con el premio olvidando cada una de las cosas que voy perdiendo por el camino. A veces me pregunto, si merece la pena todo lo que estoy perdiendo por conseguir algo que quizás cuando lo consiga (si es que lo consigo) no me va a llenar o no va a ser como espero.
Porque, aunque no lo creas, he perdido tanto que incluso a veces pienso que yo misma me he perdido. La ansiedad está tanto en mi corazón que, a pesar de todos mis esfuerzos, me siento una completa y absoluta basura. Y, desgraciadamente, el día que te conviertes en tu propio enemigo, estás muerta.
A lo largo de mi vida he tenido muchísimas enemigas y muchos más enemigos. Ninguno ha podido conmigo. Sin embargo, el día que mi yo interior me declaró la guerra, me volví loca. Luchar contra uno mismo. Eso sí es una puta guerra. Y más cuando luchas con alguien tan insoportable y asquerosamente cabezota como yo. Que se lo digo a mis amigas, que yo en su lugar ya me habría mandado a la mierda. Y no lo ponen en duda.
Tocar fondo ya es como mi estilo de vida. Un estilo de vida de mierda. Pero un titular perfecto para resumir toda la mierda que llevo dentro y contra la que lucho cada día de mi penosa existencia. Por eso le hago un llamamiento a la superwoman que era y que quiero volver a ser, a ver si me está leyendo y le da por pasarse por aquí, que ya se le está echando de menos.

-J.

lunes, 22 de abril de 2019

No soy agresiva.

Es un poco triste que la vida tenga que ser así en ciertos aspectos. Que en esta guerra también llamada vida en la que sobrevivimos día a día sea necesario tener que perder la inocencia para poder seguir adelante. Luchar lo llaman.

Siempre me han considerado una chica agresiva. Y no lo entiendo. Me avergüenzo de ello. En algún lado leí: “Usted dice que mi hija es agresiva, doctora, y no quisiera cuestionarla, pero mire la vida que lleva. Mi hija no es agresiva, lo que es es valiente.”

Y por si ahora vienen los cuatro haters de turno a decirme que hago apología a la violencia y todas esas mierdas, sabed que no es eso a lo que voy. Lo que quiero decir es que muchas veces nuestros arrebatos violentos son originados por todas las mierdas a las que nos tenemos que enfrentar en el camino. Y OJALÁ. Ojalá fuera una chica pacífica y paciente, ojalá pudiese tenerlo todo bajo control las 24 horas del día. Pero mira, la verdad es que no puedo, y a veces ni quiero.

Por cada obstáculo que se me presenta saco los dientes. Por cada insulto que recibo me veo obligada a defenderme. Por cada hostia que me dan doy una de vuelta. Por cada cabrón/cabrona que me hace daño, mi corazón se vuelve un poco más frío, y mi odio se incrementa. Y mira, yo no quiero, pero la verdad es que a odiar se aprende queriendo muchísimo. Y cuando te hacen daño de la manera más cruel y fría, el corazón no puede evitar congelarse un poquito con cada decepción.

Y la verdad, doctora, es que yo no soy agresiva, lo que soy es valiente.


-J.

jueves, 18 de abril de 2019

Cuernos

Nunca he creído en eso de ser infiel. Me parece rastrero, falso y va totalmente en contra de todo lo que creo. Y seguramente sea eso lo que me haya vuelto ciega y estúpida en tantas ocasiones.
Toda mi vida he estado rodeada de infidelidades, cuernos y mentiras. Y nunca he caído en la trampa. Que sí, que puede que más de una vez haya querido llamar a mi ex al recordarlo estando con algún chico pero al instante se me ha ido la idea de la cabeza. Yo creo en el amor, en la amistad sincera entre dos personas, en la complicidad, la afinidad y toda esa mierda. Creo que si alguien te hace feliz no tienes porque buscar felicidad en otros. Y que si no te hace feliz mejor dejarlo e irte lejos, muy lejos, que no te vean. Y ya entonces estás con quien quieras estar. Pero sin engaños.
He conocido a chicos que le ponían los cuernos a sus novias, y pasan los años y siguen juntos. Me parece tan triste. Que vale, hay que ponerse en situación, puedo comprender que lo hagáis pero no puedo permitir que lo hagan conmigo. Prefiero que me dejen, aunque no haya razones para hacerlo, aunque no quiera que lo hagan. Que me dejen a que me mientan. Porque si me dejas hoy me dolerá un tiempo, si me engañas el dolor permanece.
Invito a todas aquellas personas que engañan a sus parejas a que las dejen, si las quieren algo, si son personas, si tienen corazón. No engañéis a quien os quiere. No seáis malas personas. No hagáis lo que no queréis que os hagan a vosotros.

-J.

lunes, 15 de abril de 2019

Personas envidiosas

A lo largo de mi corta existencia he tenido que cruzarme con muchas personas a las que le habría encantado que me atropellara un camión y me descuartizara en pedacitos. Suena horrible, lo sé, pero así es.
Yo soy de esas que cuando entra en la vida de alguien lo deja todo hecho un puto desastre. No sé si será por mi bipolaridad, mi locura llevada a los extremos o mi habilidad para tocar los cojones o simplemente porque el desastre soy yo, pero soy así. Si a esto le sumamos que siempre (SIEMPRE) me salgo con la mía pues ala… Puerta abierta a los envidiosos. Porque cuando somos insignificantes, a la gente se la sudamos, pero cuando destacamos, siempre habrá alguien a quien le joderá tu brillo; ya que hay personas que para brillar, en lugar de tener luz propia, tienen que apagar a los demás.
Sinceramente, odio cuando escucho comentarios sobre mí del tipo “esa es una golfa/chunga/guarra”. Lo odio. Me dan ganas de matarlos. Pero claro, al final el oído se acostumbra y hay que joderse, o joderlos (que es mucho más divertido). Oye, que también me dicen cosas bonitas y me encanta y adoro a todos los que me adoran pero ya sabemos que la mierda siempre flota un poco más y hay que hundirla como sea. Que no hablo de reputación, que eso es una basura que algún machista frustrado con su exnovia inventó un día (la misma palabra lo dice “re-puta”), hablo de la gente mierda que me intenta hacer daño sin justificación. Como si ellos fueran perfectos, como si existiera la perfección, como si no fuéramos humanos y tuviéramos el puto derecho de equivocarnos o no hacerlo cuando nos dé la gana.
Pero bueno, que como no me rebajo a niveles inferiores, me guardo lo que pienso sobre todos ellos porque ir y decírselo sería perder un tiempo que prefiero dedicarle a cosas que realmente valen la pena. Así que al final he decidido sonreír, sonreír y que se jodan, porque mira… con algo habrá que joder a la gente.

-J.

jueves, 11 de abril de 2019

Mentiras.

El ser humano es tan sumamente estúpido que pueden estar mintiéndote en tu puta cara que si es lo que quieres escuchar vas a recibirlo con las puertas abiertas. Y así con todo.
Porque a veces parece que te lías con alguien para que parezca que te quieran. Pero mira, lo de querer son palabras grandes, y por mucho que te intentes autoengañar, quien no te quiere, no te quiere, y punto, porque no hay más vuelta que darle. Que nos quejamos continuamente de gilipollas que nos engañan y nos olvidamos que las gilipollas somos nosotras por creerles. Y, sin embargo, seguimos haciendolo. Porque vivir entre mentiras siempre es más fácil y más cómodo. Porque la realidad es algo que pocos podemos afrontar y más cuando somos de esas personas que dan el cien por cien en sus relaciones, que aman con todo el corazón y que (me ha pasado) son incapaces de esperar nada malo de los demás por falta de empatía o yo que sé de qué. A pesar de lo blanda que soy en tantísimos casos, prefiero que me vengan con la verdad siempre, porque al final, la verdad me va a doler un tiempo pero se supera, pero ¿vivir en una mentira?.
Vamos de duras pero no. Nos mienten, nos engañan, nos hacen daño en lo más profundo y seguimos queriendo. Y no sé si será falta de experiencia pero eso de la frialdad yo creo que nunca va a ir conmigo. Y mira que me jode. Admiro a esas tías que me vienen dando consejos de como ser fría con los hombres, de como no sufrir, de como seguir adelante con la cabeza bien alta y los tacones puestos. Yo lo intento, de verdad. Pero cuando viene uno que te toca el corazón, por mucho que lo intente, me es imposible. No puedo hacer como esas personas que parecen de hielo, como si nada les importase. Y sí encima a esto se le une el hecho, de qué (como yo) eres totalmente transparente y se te nota todo enseguida, pues más difícil todavía.
Y no será por tonta, que inteligente soy un rato largo, pero en cuestiones del corazón, la cabeza no tiene nada que hacer. Y yo, como tú, seguiré creyéndome sus mentiras porque… Aunque dicen que no hay peor ciego, que el que no quiere ver, yo creo que no hay peor ciego, que el que ya ha visto la realidad y decide volver a cerrar los ojos.

-J.

lunes, 8 de abril de 2019

Mis verdaderos.

Cuando era más pequeña creía en eso de la eterna amistad. Siempre he sido un poco estúpida a la hora de entregar mi amor incondicionalmente y… así me va. Hoy he decidido hablaros de mis amistades.
Cuando tenía 11 años mi mejor amiga se fue (a escondidas de mí obvio) con el chico que me gustaba/encantaba/me tenía encoñada hasta las trancas. Imagínate el trauma que supuso para mí cuando me enteré de la movida. Traicionada por mi mejor amiga y mi amor platónico. Que al final aprendí que de mejor amiga no tenía una mierda, y que el tipo en cuestión no valía un duro. Al final, tras dos semanas de relación, el karma los separó aunque para ese entonces a mí ya me la sudaba bastante. Más tarde me enteré que mi supuesta mejor amiga ni siquiera le gustaba ese chico, que sólo lo hizo para hacerme daño, y que cuando decidí pasar de ellos entonces ellos cortaron.
Con 13 años le volví a dar una oportunidad a esa chica, y volvimos a ser amigas. Yo tenía novio y ella también. Más tarde mi supuesta mejor amiga dedicaba sus días a reírse de mí para quedar bien con los tíos molones del barrio. En ese entonces me sentía mal conmigo misma por que lo hicieran. Incluso me creía culpable. Con el tiempo descubrí que hay gente que necesita menospreciar a otros para satisfacer sus egos. Esa era ella.
Con 16 años hice otra mejor amiga cuya envidia pudo con nuestra amistad. Ella se metía conmigo día sí y día también, pero un día ella estaba muy mal, y yo como tonta que soy, la ayudé. Nos hicimos muy amigas, porque a ella le encantaba llamar la atención y a mí me encantaba ser invisible. Hasta ahí bien, el problema vino cuando dejé de ser tan invisible. La chica empezó amando como era a acabar odiando que otros también lo amaran. Y así un día se piró lejos, y menos mal.
También tuve la típica amiga pirada que se dedicó a publicar cosas personales de mi vida en Facebook cuando nos enfadamos (cuidado con estas), otra que no podía soportar que me llevara bien con el chico que YO le presenté, y otra que simplemente pasó de mí porque le salió del coño y listo.
La verdad es que quien lee esto piensa que lo mío no es la amistad, pero todo lo contrario. Gracias a estas experiencias, hoy puedo decir que sé quienes son mis amigas. Tengo una amiga, que no la llamo mejor amiga por no gafarlo y porque es más que eso, es mi hermana de distinta sangre. Tengo otra que es mi hermana de verdad, que a pesar de todo siempre me ha apoyado, incluso en la mayoría de chorradas que pasan por mi cabeza. Por otro lado, también tengo amigos, tengo dos mejores amigos, que están conmigo en mis subidas y en mis bajadas. Y cómo agradezco a todos los que se han ido que me hayan hecho así, y que hayan dejado espacio a los que de verdad se merecen estar ahí. La amistad es complicada, difícil, sin embargo debe ser pura y sincera. Y mira, pasarán muchos amigos por tu vida, pero en tus manos está decidir quien se queda. 
Yo, por mi parte, decidí quedarme con aquellas que me quieren como soy. Y serán pocas, pero ¿sabes qué? Son verdaderas.


-J.

jueves, 4 de abril de 2019

Sólo importa el hoy.

No hay nada que más me haya destruido que el “algún día”. Algún día estaremos juntos, algún día cambiará, algún día se dará cuenta, algún día me querrá, algún día…
Y, ¿sabes qué? Estuve casi cinco años esperando ese puto día y nunca llegó porque en realidad no existe el “algún día”. Las películas y series de televisión nos nublan la cabeza con historias de amor inacabadas, y gilipolleces varias, las típicas que se encuentran, se enamoran, hay unos problemas que no les dejan estar juntos pero acaban juntos igual. Y, claro, nosotras acabamos como retrasadas esperando cosas que no existen y que no van a pasar. Y mientras, perdemos el tiempo, y la vida. Nos arrastramos detrás de tíos que no nos quieren, nos inventamos futuros que nunca llegarán y sufrimos por cosas absurdas mientras la vida sigue y no nos espera. Que en la práctica es mucho más complicado, está claro. A mí me costó siglos entender que por muchas historias de amor que me inventara antes de irme a dormir, el chico por el que perdía la cabeza no iba a cambiar. Que muchas veces lo de ser un cabrón es de por vida, y no queda otra que coger la cabeza y pirarse lejos (muy lejos). Porque si no te quiere, pues no te quiere, duele pero se supera, mejor que no te quiera él antes que no te quieras tú, ¿no?.
Que el amor verdadero no va de arrastrarse continuamente ni tener depresiones. El amor es otra cosa, es querer y que te quieran. Es respeto, confianza, honestidad, sinceridad. Es quererse a uno mismo para poder querer al resto; porque, dicen ´´si no te quieres a ti mismo no vas a conseguir que nadie te quiera´´, algo que no es cierto, pero si es cierto que si no te quieres a ti mismo, no vas a creer que alguien te quiere.El amor verdadero es saber lo que merecemos para no conformarnos nunca con lo que les sobra a los demás. Es pasar de todos esos “algún día” y ser feliz con el único día que realmente importa: el de hoy.



-J.

lunes, 1 de abril de 2019

Relaciones tóxicas

Nunca he entendido a esas parejas super ultra inseparables que no se separan ni para cagar. Que tengo amigas que, atención, LE PIDEN PERMISO a sus novios para ir a tomarse una coca cola conmigo, su amiga de toda la vida. ¿Hola? ¿En qué puto mundo vivimos?
Que tampoco voy a ir yo de mega guay, que también tuve un novio así. Pero tenía 12 años, estaba muy perdida en la vida y creía demasiado en el ´´para siempre´´ que me prometía. Pero eh, con mi corazón roto lo mandé a la mierda en cuanto me di cuenta de cómo era realmente. Y, oye, él tenía sus dos cojones de decirme lo que me tenía que poner, como tenía que comportarme, lo putas/no putas que eran mis amigas, lo que mis amigos pensaban de mi, y lo mala que era mi familia por no dejarnos estar juntos. Al principio le hacía caso en todo, ya que no quería perderlo, pero yo como buena mujer moderna e independiente (y cabezota) que soy dejé de hacerle caso. Lo quería, claro, pero querer no lo es todo. Porque si nos ponemos a querer pues más me quiero yo.Tampoco voy a ir de durita que llorar lloré lo suyo,y me costó horrores superarlo, pero lo superé. Por eso cuando veo a chicas más jóvenes que yo metidas en relaciones tóxicas con novios obsesivos posesivos me veo a mí misma. Más joven, más tonta, más inmadura y sobre todo más ingenua. Y me alegro, me alegro de haber sabido superar esa mierda; y espero que esas chicas también lo superen, porque aunque se llame relación tóxica, de toda la vida, las personas que tratan así, supuestamente, a la persona que más quieren, lo que son es GILIPOLLAS.
Que la mejor manera de aprender es equivocarse, y mejor con 17 que con 50. Porque, mira, puede que aún no tenga muy claro lo que quiero, pero lo que sí tengo claro es lo que NO quiero.

-J.

jueves, 28 de marzo de 2019

Mi propia mala influencia.

Nunca he sido de las que sigue las reglas. Ya desde pequeña se veía venir mi tendencia a salirme de lo preestablecido. Porque, en verdad, ¿quién marca lo que es correcto y lo que no? ¿En qué biblioteca se encuentra el libro de instrucciones de la vida?
A lo largo de mi corta vida he cometido muchísimos errores, he decepcionado a personas que creían en mí, le he hecho daño a gente que me quería y, sobre todo, me he hecho daño a mí misma. He estado atrapada en círculos viciosos, he caído en situaciones que debía haber evitado, he tropezado con la misma piedra hasta verme con sangre en el suelo. Y lo sigo haciendo. Pero es que soy yo quien decide los límites que le pongo a mi vida. Y soy yo quien asume las consecuencias de cada uno de los actos que yo, y solo yo, he decidido llevar a cabo.
Veo a muchos jóvenes como yo criticar continuamente la forma de vivir, de pensar y de actuar de los que le rodean. Que lo critique un abuelo, un adulto, un profesor, puedo llegar a entenderlo. Pero, ¿un chico con diecisiete años que base tiene para juzgar lo que otros hacen?
Creo que debemos ser nosotros nuestros propios jueces convirtiéndonos así en nuestros mejores mentores. Porque la mejor manera de aprender es equivocándose. Y sí, soy yo la mala influencia, pero de mi misma, y eso, al fin y al cabo, no resulta ser tan malo.

-J.

lunes, 25 de marzo de 2019

Asco

Os juro que llega un momento en la vida en el que te la empieza a sudar todo a niveles flipantes. Sobretodo cuando se trata de esa típica gente que ni aporta, ni aparta, pero que sigue ahí, tocando los cojones.
Y es que, como ya tenéis que saber, las traiciones están de moda. Y da igual si das todo o nada, si eres bueno o malo, si te portas bien o mal, te la acabarán haciendo. Quien menos te lo esperas. Cuando menos te lo esperas. Y siento decirte que te va a doler (en el alma) pero vas a tener que joderte (como todos).
Y que rabia, ¿verdad? Ofrecerle tu corazón, tu mano, tu amistad, tu apoyo, y todo lo que está en tu puta mano a alguien para que te falle. Porque juro que por un momento, cuando soy buena/sincera/generosa con los demás sinceramente creo que lo valoran tanto como yo lo valoraría de ellos. Pero no. Nadie es como parece ser. Puedes desconocer a alguien que creías conocer a la perfección en un solo gesto. Y que pena.
Pena por ellos, porque pobres ilusos, no tienen ni puta idea de lo que se pierden. Y porque, seguramente, algún día mirarán atrás para buscarme y seguramente… yo no estaré.
PD: Esto es un precalentamiento para lo que llega, que lo mejor aún no ha llegado.

-J.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Cobardes.

Que fácil es mirar a otro lado y salir corriendo cuando las cosas se complican. Cobardes los llaman. Porque mira que me he cruzado con personas horribles en mis 18 años, pero los cobardes, a esos no quiero ni verlos.
Y cuando digo cobardes me refiero a esos tíos que no se mojan en absolutamente nada, que prefieren vivir en los límites, que no se manchan ni las manos, esos tíos a los que les faltan los cojones que a otras, cariño, nos sobran. Porque cuando eres un crío, sin oficio ni beneficio, eso de la responsabilidad se les queda un poco (demasiado) grande.
Pero ojo, que el problema no es la inmadurez, ni la irresponsabilidad, ni el hecho de ser un auténtico gilipollas. El problema viene cuando se venden como lo más maravilloso del mundo. Cuando su ego es incluso más grande que su retraso. Cuando no son capaces, ni si quiera, de asumir sus putos errores. Y cuando, encima, tienen la cara de quedar bien puestos delante de sus amigos y conocidos, como si ellos fueran los mejores, como si toda la mierda que hubiesen hecho no tuviera nada que ver con ellos. Como si la mierda fuéramos nosotras, que lo único que hacemos es luchar, comiéndonos nuestro marrón, y el suyo.
Basura. Eso son para mí los cobardes. Se esconden detrás de lameculos, tías sin personalidad y chantajes emocionales. Detrás de todo aquello que le sirva de muro para no enfrentarse a la puta realidad. Para no enfrentarse a la puta vida. Y todavía van de dignos, creyéndose los mejores y dejando por el suelo a los demás.
A algunos la palabra hombre les queda demasiado grande, y estoy cien por cien segura de que algún día, cuando miren atrás, se darán cuenta de la tremenda cagada que hicieron. Cuando sus hijos tengan capacidad para entender, cuando la justicia les robe la libertad o cuando pierdan lo que más aman en el mundo.
Y te voy a decir una cosa, colega, cuando pase la tormenta, ni se te ocurra pasarte por aquí, que los cobardes.. no nos hacen falta.




-J.