jueves, 28 de marzo de 2019

Mi propia mala influencia.

Nunca he sido de las que sigue las reglas. Ya desde pequeña se veía venir mi tendencia a salirme de lo preestablecido. Porque, en verdad, ¿quién marca lo que es correcto y lo que no? ¿En qué biblioteca se encuentra el libro de instrucciones de la vida?
A lo largo de mi corta vida he cometido muchísimos errores, he decepcionado a personas que creían en mí, le he hecho daño a gente que me quería y, sobre todo, me he hecho daño a mí misma. He estado atrapada en círculos viciosos, he caído en situaciones que debía haber evitado, he tropezado con la misma piedra hasta verme con sangre en el suelo. Y lo sigo haciendo. Pero es que soy yo quien decide los límites que le pongo a mi vida. Y soy yo quien asume las consecuencias de cada uno de los actos que yo, y solo yo, he decidido llevar a cabo.
Veo a muchos jóvenes como yo criticar continuamente la forma de vivir, de pensar y de actuar de los que le rodean. Que lo critique un abuelo, un adulto, un profesor, puedo llegar a entenderlo. Pero, ¿un chico con diecisiete años que base tiene para juzgar lo que otros hacen?
Creo que debemos ser nosotros nuestros propios jueces convirtiéndonos así en nuestros mejores mentores. Porque la mejor manera de aprender es equivocándose. Y sí, soy yo la mala influencia, pero de mi misma, y eso, al fin y al cabo, no resulta ser tan malo.

-J.

lunes, 25 de marzo de 2019

Asco

Os juro que llega un momento en la vida en el que te la empieza a sudar todo a niveles flipantes. Sobretodo cuando se trata de esa típica gente que ni aporta, ni aparta, pero que sigue ahí, tocando los cojones.
Y es que, como ya tenéis que saber, las traiciones están de moda. Y da igual si das todo o nada, si eres bueno o malo, si te portas bien o mal, te la acabarán haciendo. Quien menos te lo esperas. Cuando menos te lo esperas. Y siento decirte que te va a doler (en el alma) pero vas a tener que joderte (como todos).
Y que rabia, ¿verdad? Ofrecerle tu corazón, tu mano, tu amistad, tu apoyo, y todo lo que está en tu puta mano a alguien para que te falle. Porque juro que por un momento, cuando soy buena/sincera/generosa con los demás sinceramente creo que lo valoran tanto como yo lo valoraría de ellos. Pero no. Nadie es como parece ser. Puedes desconocer a alguien que creías conocer a la perfección en un solo gesto. Y que pena.
Pena por ellos, porque pobres ilusos, no tienen ni puta idea de lo que se pierden. Y porque, seguramente, algún día mirarán atrás para buscarme y seguramente… yo no estaré.
PD: Esto es un precalentamiento para lo que llega, que lo mejor aún no ha llegado.

-J.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Cobardes.

Que fácil es mirar a otro lado y salir corriendo cuando las cosas se complican. Cobardes los llaman. Porque mira que me he cruzado con personas horribles en mis 18 años, pero los cobardes, a esos no quiero ni verlos.
Y cuando digo cobardes me refiero a esos tíos que no se mojan en absolutamente nada, que prefieren vivir en los límites, que no se manchan ni las manos, esos tíos a los que les faltan los cojones que a otras, cariño, nos sobran. Porque cuando eres un crío, sin oficio ni beneficio, eso de la responsabilidad se les queda un poco (demasiado) grande.
Pero ojo, que el problema no es la inmadurez, ni la irresponsabilidad, ni el hecho de ser un auténtico gilipollas. El problema viene cuando se venden como lo más maravilloso del mundo. Cuando su ego es incluso más grande que su retraso. Cuando no son capaces, ni si quiera, de asumir sus putos errores. Y cuando, encima, tienen la cara de quedar bien puestos delante de sus amigos y conocidos, como si ellos fueran los mejores, como si toda la mierda que hubiesen hecho no tuviera nada que ver con ellos. Como si la mierda fuéramos nosotras, que lo único que hacemos es luchar, comiéndonos nuestro marrón, y el suyo.
Basura. Eso son para mí los cobardes. Se esconden detrás de lameculos, tías sin personalidad y chantajes emocionales. Detrás de todo aquello que le sirva de muro para no enfrentarse a la puta realidad. Para no enfrentarse a la puta vida. Y todavía van de dignos, creyéndose los mejores y dejando por el suelo a los demás.
A algunos la palabra hombre les queda demasiado grande, y estoy cien por cien segura de que algún día, cuando miren atrás, se darán cuenta de la tremenda cagada que hicieron. Cuando sus hijos tengan capacidad para entender, cuando la justicia les robe la libertad o cuando pierdan lo que más aman en el mundo.
Y te voy a decir una cosa, colega, cuando pase la tormenta, ni se te ocurra pasarte por aquí, que los cobardes.. no nos hacen falta.




-J.