lunes, 27 de mayo de 2019

Principios o finales.

¿Os habéis dado cuenta de la cantidad de cosas que perdemos por el miedo a perder?. No sé vosotros, pero yo voy por la vida con pose de mega segura, y de segura no tengo nada. Me cuestiono cien veces las cosas, no me arriesgo y me quedo sentada esperando que las cosas me caigan del cielo, y así me va. He estado mucho tiempo esperando que algo se accione, una señal, pero ahora me empiezo a dar cuenta que quizás la señal soy yo misma. Nos da miedo enamorarnos por si acaba cuando es que ni siquiera ha empezado. Y es que quizás puede que todo tenga un principio y un final. Puede que al final no sirva de nada luchar y puede que un día despertemos y al abrir los ojos el dolor ya no exista... La vida cambia y con ella todo.
Las cosas empiezan y acaban, o no, quién sabe. Puede que llegues a la cima y luego te caigas, o que no llegues nunca; pero mantenerse es lo difícil, hacer que dure. Porque puedes tenerlo todo y no tener nada... Lo mejor que puedes hacer es aprender a diferenciar lo que realmente importa, lo que te afecta más y lo que puede cambiar tu vida; focalizar tu atención en esas cosas y no perder el tiempo en pequeños detalles que al final te hacen más mal que bien. 
A lo largo de la vida las victorias y las derrotas van y vienen. Solo quién te quiere permanecerá a tu lado.

-J. 

jueves, 23 de mayo de 2019

Esa persona.

No suelo pensar demasiado en el pasado, porque cada vez que lo hago acabo peor de lo que estaba, básicamente. Pero a veces es necesario mirar atrás para ver todos los obstáculos que has superado, cada piedra con la que creías que no dejarías nunca de tropezar... y un día ves que ya la has pasado. Es de humanos cometer errores, y los errores son necesarios para aprender y no volver a cometerlos. Siempre habrá gente protegiéndote para que no los cometas, pero si no lo haces no crecerás (siempre diré que se aprende más con los daños que con los años). 
Yo soy esa clase de personas que no se rinde fácilmente pero que a la mínima se me viene el mundo encima y me agobio, aunque sólo durante cinco minutos.
 También soy alguien fácil de convencer, los que mejor me conocen me lían enseguida para hacer alguna chorrada; pero también soy difícil para hacerme entrar en razón, para mí siempre llevo yo la razón, aunque no la lleve.
Suelo ser esa persona la cuál no le cuesta nada ponerse en el lugar de otra persona. Esa persona que aunque lo intentes, nunca llegas a conocer del todo, con sus misterios y secretos, tan tóxicos a veces. 
Esa persona, que sin querer, sonríe para parecer mucho más fuerte.

-J.

lunes, 20 de mayo de 2019

Algo de mí

La mayoría de las personas que leen mis chorradas me dicen que debería escribir cosas más alegres, no tan triste todo, ¿pero cómo escribir cosas buenas si hay tan poco bueno en mi cabeza?
Nunca he sido sin ser, pero a veces ni siquiera consigo ser a medias, y así con todo. No puedo querer a medias, o no te quiero nada o te quiero muchísimo. Soy cabezota, orgullosa, sincera y directa. Busco la energía de mi vida en cualquier lugar. Me cuesta mucho pensar antes de actuar, como bien sabréis ya, de echo casi no lo hago porque no suelo arrepentirme de lo que digo, y es mejor arrepentirse de hacerlo que de no hacerlo, mejor quedarse con un no que con la duda. Me tomo las cosas en serio, aunque a veces me parecen demasiado "heavys" para no reírme. Soy diferente a los demás, a cualquier persona que hayas visto hasta ahora. Me encanta llevarle la contraria a los demás, y me gusta tener la razón siempre, y no paro hasta que no la tengo (eso a veces es un problema). Siempre digo que soy un muy impaciente, porque cuando quiero algo lo quiero en el momento y también porque digo que no soporto nada, pero luego...cuando me doy cuenta de todo lo que he soportado y soporto a día de hoy, me doy cuenta de qué soporto demasiado (no sé si tengo tanta paciencia por los sobrinos que tengo o por los inmaduro que tengo). Soy puntual (la mayoría de las veces) y casi siempre una incomprendida. Odio que me hagan promesas que no van a poder cumplir tanto o más que hacerlas. Odio mentir y que me mientan. Aborrezco a las personas ignorantes frustradas por su propia mierda de mi vida, a la gente sin personalidad, y a las personas con más noches que la luna. Doy todo sin esperar nada, porque no me hace falta. Antes me encantaban los abrazos sin motivo y por sorpresa, ahora los abrazos no me gustan demasiado, me quedan pequeños en comparación con los otros abrazos...los que nunca más voy a volver a tener (pero este no es un post triste tata). 
Me preocupo por nada o me preocupo por todo. Tengo mil defectos y dos mil manías. Aspiro a demasiado. Camino lento pero segura.

-J.

jueves, 16 de mayo de 2019

Soledad

La soledad es la circunstancia de estar solo o sin compañía. Sin embargo, para mí eso no es la soledad. Para mí la soledad es sentirse solo básicamente, y la peor de todas es sentirte solo estando rodeado de gente.
El estado de ánimo que más experimento es la soledad. Siempre me siento sola y eso que casi nunca lo estoy. Y es que son muy pocas personas las que consiguen que deje de sentirme sola, pero por circunstancias de la vida o del destino o de lo que sea, esas personas siempre acaban yéndose de mi vida. No importa lo que haga o lo que no haga, o los amigos que tenga o los que no...estoy sola.
Todos en algún momento nos sentimos solos aunque estemos acompañados, todos buscamos el pertenecer aunque ya seamos pertenecidos y aunque estemos solos, estamos unidos en la soledad. 
Lo mejor de la soledad, es que tú mismo levantas muros para que nadie llegue a conocerte realmente, y así descubres quién intenta tirarlos, aunque cueste y aunque haya un muro detrás de otro, las personas que están ahí, teniendo toda la paciencia contigo y con tus muros, esas son las personas que realmente te quieren y van a estar ahí, en las buenas, en las malas y en la soledad.
Todo lo que estás temiendo y los muros que has construido caerán alguna vez pero tú puedes cerrar los ojos, porque yo aún seguiré aquí por la mañana.

-J.

lunes, 13 de mayo de 2019

Sin título.

A lo largo de mi vida me han gustado pocas personas de verdad, no he sido de las típicas chicas que cada semana le gustaba un chico diferente. Tengo muchos conocidos, pero muy pocos amigos, de hecho puedo contar con los dedos de una mano a las personas en las que confío plenamente. Me han decepcionado tres millones de veces, pero también me han sorprendido unas cuantas. Soy de las personas que siempre piensa mal, que soy negativa, porque prefiero sorprenderme que decepcionarme. Siempre digo que las primeras impresiones pueden engañar, pero suelo juzgar a primera vista, porque hay personas que las ves venir enseguida. No suelo llevar reloj casi nunca, aunque para mí el tiempo es importante. En un día, puedo decir la palabra odio unas mil veces. Odio las mentiras (más que cualquier otra cosa), el café, mis cumpleaños, la gente sin personalidad, los gilipollas sin razón, entre otras cosas... pero también adoro muchas otras cosas como dormir, hacer el tonto, cantar, pasar el rato con mis fundamentales, las pelis en compañía, su compañía...
Nunca me olvido de alguien que me ha querido de verdad. Soy muy impulsiva. Intento olvidarme y deshacerme de mis impulsos, pero me pueden, y la mayoría de las veces actúo y luego pienso. Por cabezota, he perdido muchas veces, pero he ganado otras tantas. Conmigo nunca nada está perdido, porque dicen que ninguna causa está perdida mientras haya algún insensato dispuesto a luchar por ella, y esa insensata suelo ser yo. No sé si está bien o mal mi forma de actuar, pero a estas alturas ya me da igual. No me gusta que opinen de mi, o que hablen de mí si yo no estoy delante, y si haces eso no tienes nada que hacer (aunque eso es algo que no se puede evitar, sobre todo la gente que no tiene vida). Quizás no soy la chica que todo hombre quiere, pero al menos no soy la chica que cualquiera tiene.

-J.

jueves, 9 de mayo de 2019

Hagas lo que hagas no.

Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que no.De que hagas lo que hagas no. De que no te valoran como te mereces, que no te quiere como tú le quieres. Y no. Pero sigues ahí, por si cambia de opinión, por si vuelve. Y así pasan los días, las noches y la vida. Pierdes el tiempo por personas que realmente no merecen la pena, que no les importa si te vas o si te quedas hasta que te necesitan. Y es triste. Pero más triste es que a pesar de saberlo, no te mueves. Y en algún momento te darás cuenta que has hecho demasiado por alguien y que el siguiente paso sólo puede ser pararte, alejarte y dejarlo solo. No es que estés renunciando o que no lo hayas intentado con todas tus fuerzas, es que debes entender que has sobrepasado la línea de la determinación hacia la desesperación. Después de todo, da igual que pase un mes, o un año, o diez años, lo que es verdaderamente para ti tarde o temprano lo será, y lo que no lo es, no importa lo mucho que te esfuerces porque nunca lo será. Puede que esto parezca muy cruel, sobreentendiendo que aunque luches por alguien no vas a conseguirlo nunca, pero es que hay veces que luchas tanto que te quedas sin fuerzas para luchar por cosas que realmente sí que merecen la pena, para que luego realmente esa persona por la que tanto luchas y te desvives sea un completo imbécil. Cuando logras entender esto, realmente tu perspectiva cambia (por lo menos la mía cambió). 
Y es que al final, quien está, es porque quiere estar. Lo demás sólo son excusas.

-J.

lunes, 6 de mayo de 2019

Olvido.

Dicen que para olvidar a alguien no hay mejor medicina que el tiempo, que la distancia hace el olvido, que todo pasa por algo. Sin embargo, hay personas que marcan un antes y un después en nuestras vidas, y aunque nos resistamos viven con nosotros cada día (en una canción, en un olor, en una conversación...)
Nos empeñamos en borrar de nuestra mente a aquellas personas que se han ido, por las que hemos sentido, deseamos olvidar miradas, sonrisas e incluso momentos. Dicen que es tan corto el amor y tan largo el olvido...y quizás sea, porque sencillamente, no debamos olvidar, sino aprender a vivir con el recuerdo, por sin él, no seríamos lo que somos. Porque mirándolo desde fuera, no crecemos con los años, sino con los daños, y nuestra personalidad no sería la misma si no nos hubiésemos equivocado tanto, sino nos hubieran hecho tanto daño. Estamos hechos de experiencias del pasado. Somos lo que somos gracias a esas personas, las que se han ido y las que siguen ahí. Las que nos han hecho tan fuertes, y otras veces, tan vulnerables, con las que hemos conocido el miedo, el riesgo, el amor, la inocencia, la ilusión y la decepción, personas que nos han permitido conocernos un poco más.Y es que hay personas que vale la pena recordar. Ese momento en el que pensabas que no ibas a volver a enamorarte, que no volverías a ser feliz y que nadie iba a quererte, pero de repente llega una persona que te demuestra que tu corazón está mas vivo que nunca, y te das cuenta de que después del primer amor llega el segundo, y que lo que te dolía hace dos días hoy te parece una tontería; o ese momento en el que descubres lo que te da estabilidad y lo que te hace dudar. Estos son los momentos que forman nuestra personalidad y que generan sentimientos que guían nuestro camino.
Y el truco está en saber elegir qué olvidar. Si esa persona te duele, olvídala, pero quédate con el porqué quieres olvidarla. De lo contrario, corres el riesgo de volver atrás. La realidad es una, aunque a veces parezca la opción más dolorosa, igual que lo malo viene, se va. Y es más fácil aceptarla si te apoyas en hechos del pasado, si tienes presente lo que fue, para entender por qué hoy no es. Borra su cara, sus caricias, sus enfados, sus sorpresas, pero no borres lo que te hizo sentir, no borres lo que sentiste cuando te abrazó en el momento que más lo necesitaste, y tampoco olvides su desprecio que te hizo llorar toda la noche.
No olvides lo bueno para vivir en paz y no olvides lo malo para sonreír porque ya no está.

-J.

jueves, 2 de mayo de 2019

Tormentas

Dicen que es en medio de las tormentas
donde nos hacemos fuertes.
Y no lo pongo en duda.
Me he visto caer
levantarme
volver a caer
volver a levantarme
volver a caer
y volver a levantarme.
Y juro que en cada caída,
los golpes duelen menos
las heridas cicatrizan antes
y juro que cada vez que vuelvo a levantarme
lo hago siendo otra
más fuerte
más dura
más grande
más valiente
más yo.
Por eso,
yo,
antes cobarde,
antes con miedo,
antes dolor,
antes ceniza,
ya no le tengo miedo
a las tormentas.

-J.