Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que no.De que hagas lo que hagas no. De que no te valoran como te mereces, que no te quiere como tú le quieres. Y no. Pero sigues ahí, por si cambia de opinión, por si vuelve. Y así pasan los días, las noches y la vida. Pierdes el tiempo por personas que realmente no merecen la pena, que no les importa si te vas o si te quedas hasta que te necesitan. Y es triste. Pero más triste es que a pesar de saberlo, no te mueves. Y en algún momento te darás cuenta que has hecho demasiado por alguien y que el siguiente paso sólo puede ser pararte, alejarte y dejarlo solo. No es que estés renunciando o que no lo hayas intentado con todas tus fuerzas, es que debes entender que has sobrepasado la línea de la determinación hacia la desesperación. Después de todo, da igual que pase un mes, o un año, o diez años, lo que es verdaderamente para ti tarde o temprano lo será, y lo que no lo es, no importa lo mucho que te esfuerces porque nunca lo será. Puede que esto parezca muy cruel, sobreentendiendo que aunque luches por alguien no vas a conseguirlo nunca, pero es que hay veces que luchas tanto que te quedas sin fuerzas para luchar por cosas que realmente sí que merecen la pena, para que luego realmente esa persona por la que tanto luchas y te desvives sea un completo imbécil. Cuando logras entender esto, realmente tu perspectiva cambia (por lo menos la mía cambió).
Y es que al final, quien está, es porque quiere estar. Lo demás sólo son excusas.
-J.
No hay comentarios:
Publicar un comentario