martes, 30 de abril de 2019

Envidia

De gente trastornada y que no está bien terminada está el mundo lleno pero hay gente que se pasa, os lo juro. Que dicen por ahí que las mentes ocupadas, las almas limpias y los corazones satisfechos no se meten jamás en la vida de nadie… Y yo me pregunto cuánta cantidad de mierda debe haber en la vida de algunxs para que me vengan a tocar los cojones día sí y día también.
 Que hay gente que vive en guerra y mira, yo paso, bastante tengo con lo mío como para ir jodiendo por ahí a los demás, cada uno lleva su procesión por dentro y juzgar sin conocer es algo patético. Pero que ya no sé si es aburrimiento, enfermedad o trastorno psicótico pero miraoslo por dios y dejad de joder a los demás. Y como no quiero darle a nadie más importancia de la que se merece voy a ser clara y directa.
 1.    Vete a un puto psicólogo y deja de meterte en la vida de los demás porque la tuya sea una mierda (lo tuyo empieza a ser preocupante).
 2.    Haz algo por tu puta vida (estudia, trabaja, vete al gimnasio, CUALQUIER COSA que haga que me superes de una puta vez, gracias)
 3.    Deja de tocarme los cojones (no voy a entrar en tu guerra de mierda porque cariño, yo estoy por encima, no sé si te has dado cuenta)
 Y sobre todo, y muy importante, cómprate una PUTA VIDA y deja de joder a los demás con tu mierda. Que a nadie le interesa. Que la vida sigue. Que solo haces el puto ridículo. Que paso de ti. Que yo estoy mejor que nunca. Y que al final como no mastiques bien esa envidia, te vas a acabar atragantando.

-J.

jueves, 25 de abril de 2019

Mi estilo de vida

Sé que últimamente solo escribo mierdas tristes y deprimentes pero es que yo soy de esas que cuando escribo, lo hago desde el corazón, y mi corazón lleva unos meses demasiado destrozado para poder ser la super woman que era antes. Porque, ojalá esa superwoman fuera un super héroe de verdad y no una chica de dieciocho real con sus problemas reales y sus mierdas reales. Ojalá. Y es que mi vida a veces parece una peli de ciencia ficción, otras un dramón de la tres y otras una comedia americana.
Aunque la verdad, es que hace un tiempo que no salgo del puto dramón de mierda que me vendieron los de antena 3. Y tanta basura disfrazada de realidad no ha hecho más que convertirme en una amargada, con cara de amargada incluida, que lucha por encontrar la puta felicidad esa de la que habla todo el mundo y que yo no consigo ver por ninguna parte. Y mira que lo intento. Porque ni a dramática ni a luchadora me gana nadie, y cuando entro en la batalla solo voy con una idea: ganar. Y si no gano, es que aún no ha terminado. Supongo que todo viene de ahí. De no saber irme de la batalla cuando ya está perdida. De obsesionarme tanto con el premio olvidando cada una de las cosas que voy perdiendo por el camino. A veces me pregunto, si merece la pena todo lo que estoy perdiendo por conseguir algo que quizás cuando lo consiga (si es que lo consigo) no me va a llenar o no va a ser como espero.
Porque, aunque no lo creas, he perdido tanto que incluso a veces pienso que yo misma me he perdido. La ansiedad está tanto en mi corazón que, a pesar de todos mis esfuerzos, me siento una completa y absoluta basura. Y, desgraciadamente, el día que te conviertes en tu propio enemigo, estás muerta.
A lo largo de mi vida he tenido muchísimas enemigas y muchos más enemigos. Ninguno ha podido conmigo. Sin embargo, el día que mi yo interior me declaró la guerra, me volví loca. Luchar contra uno mismo. Eso sí es una puta guerra. Y más cuando luchas con alguien tan insoportable y asquerosamente cabezota como yo. Que se lo digo a mis amigas, que yo en su lugar ya me habría mandado a la mierda. Y no lo ponen en duda.
Tocar fondo ya es como mi estilo de vida. Un estilo de vida de mierda. Pero un titular perfecto para resumir toda la mierda que llevo dentro y contra la que lucho cada día de mi penosa existencia. Por eso le hago un llamamiento a la superwoman que era y que quiero volver a ser, a ver si me está leyendo y le da por pasarse por aquí, que ya se le está echando de menos.

-J.

lunes, 22 de abril de 2019

No soy agresiva.

Es un poco triste que la vida tenga que ser así en ciertos aspectos. Que en esta guerra también llamada vida en la que sobrevivimos día a día sea necesario tener que perder la inocencia para poder seguir adelante. Luchar lo llaman.

Siempre me han considerado una chica agresiva. Y no lo entiendo. Me avergüenzo de ello. En algún lado leí: “Usted dice que mi hija es agresiva, doctora, y no quisiera cuestionarla, pero mire la vida que lleva. Mi hija no es agresiva, lo que es es valiente.”

Y por si ahora vienen los cuatro haters de turno a decirme que hago apología a la violencia y todas esas mierdas, sabed que no es eso a lo que voy. Lo que quiero decir es que muchas veces nuestros arrebatos violentos son originados por todas las mierdas a las que nos tenemos que enfrentar en el camino. Y OJALÁ. Ojalá fuera una chica pacífica y paciente, ojalá pudiese tenerlo todo bajo control las 24 horas del día. Pero mira, la verdad es que no puedo, y a veces ni quiero.

Por cada obstáculo que se me presenta saco los dientes. Por cada insulto que recibo me veo obligada a defenderme. Por cada hostia que me dan doy una de vuelta. Por cada cabrón/cabrona que me hace daño, mi corazón se vuelve un poco más frío, y mi odio se incrementa. Y mira, yo no quiero, pero la verdad es que a odiar se aprende queriendo muchísimo. Y cuando te hacen daño de la manera más cruel y fría, el corazón no puede evitar congelarse un poquito con cada decepción.

Y la verdad, doctora, es que yo no soy agresiva, lo que soy es valiente.


-J.

jueves, 18 de abril de 2019

Cuernos

Nunca he creído en eso de ser infiel. Me parece rastrero, falso y va totalmente en contra de todo lo que creo. Y seguramente sea eso lo que me haya vuelto ciega y estúpida en tantas ocasiones.
Toda mi vida he estado rodeada de infidelidades, cuernos y mentiras. Y nunca he caído en la trampa. Que sí, que puede que más de una vez haya querido llamar a mi ex al recordarlo estando con algún chico pero al instante se me ha ido la idea de la cabeza. Yo creo en el amor, en la amistad sincera entre dos personas, en la complicidad, la afinidad y toda esa mierda. Creo que si alguien te hace feliz no tienes porque buscar felicidad en otros. Y que si no te hace feliz mejor dejarlo e irte lejos, muy lejos, que no te vean. Y ya entonces estás con quien quieras estar. Pero sin engaños.
He conocido a chicos que le ponían los cuernos a sus novias, y pasan los años y siguen juntos. Me parece tan triste. Que vale, hay que ponerse en situación, puedo comprender que lo hagáis pero no puedo permitir que lo hagan conmigo. Prefiero que me dejen, aunque no haya razones para hacerlo, aunque no quiera que lo hagan. Que me dejen a que me mientan. Porque si me dejas hoy me dolerá un tiempo, si me engañas el dolor permanece.
Invito a todas aquellas personas que engañan a sus parejas a que las dejen, si las quieren algo, si son personas, si tienen corazón. No engañéis a quien os quiere. No seáis malas personas. No hagáis lo que no queréis que os hagan a vosotros.

-J.

lunes, 15 de abril de 2019

Personas envidiosas

A lo largo de mi corta existencia he tenido que cruzarme con muchas personas a las que le habría encantado que me atropellara un camión y me descuartizara en pedacitos. Suena horrible, lo sé, pero así es.
Yo soy de esas que cuando entra en la vida de alguien lo deja todo hecho un puto desastre. No sé si será por mi bipolaridad, mi locura llevada a los extremos o mi habilidad para tocar los cojones o simplemente porque el desastre soy yo, pero soy así. Si a esto le sumamos que siempre (SIEMPRE) me salgo con la mía pues ala… Puerta abierta a los envidiosos. Porque cuando somos insignificantes, a la gente se la sudamos, pero cuando destacamos, siempre habrá alguien a quien le joderá tu brillo; ya que hay personas que para brillar, en lugar de tener luz propia, tienen que apagar a los demás.
Sinceramente, odio cuando escucho comentarios sobre mí del tipo “esa es una golfa/chunga/guarra”. Lo odio. Me dan ganas de matarlos. Pero claro, al final el oído se acostumbra y hay que joderse, o joderlos (que es mucho más divertido). Oye, que también me dicen cosas bonitas y me encanta y adoro a todos los que me adoran pero ya sabemos que la mierda siempre flota un poco más y hay que hundirla como sea. Que no hablo de reputación, que eso es una basura que algún machista frustrado con su exnovia inventó un día (la misma palabra lo dice “re-puta”), hablo de la gente mierda que me intenta hacer daño sin justificación. Como si ellos fueran perfectos, como si existiera la perfección, como si no fuéramos humanos y tuviéramos el puto derecho de equivocarnos o no hacerlo cuando nos dé la gana.
Pero bueno, que como no me rebajo a niveles inferiores, me guardo lo que pienso sobre todos ellos porque ir y decírselo sería perder un tiempo que prefiero dedicarle a cosas que realmente valen la pena. Así que al final he decidido sonreír, sonreír y que se jodan, porque mira… con algo habrá que joder a la gente.

-J.

jueves, 11 de abril de 2019

Mentiras.

El ser humano es tan sumamente estúpido que pueden estar mintiéndote en tu puta cara que si es lo que quieres escuchar vas a recibirlo con las puertas abiertas. Y así con todo.
Porque a veces parece que te lías con alguien para que parezca que te quieran. Pero mira, lo de querer son palabras grandes, y por mucho que te intentes autoengañar, quien no te quiere, no te quiere, y punto, porque no hay más vuelta que darle. Que nos quejamos continuamente de gilipollas que nos engañan y nos olvidamos que las gilipollas somos nosotras por creerles. Y, sin embargo, seguimos haciendolo. Porque vivir entre mentiras siempre es más fácil y más cómodo. Porque la realidad es algo que pocos podemos afrontar y más cuando somos de esas personas que dan el cien por cien en sus relaciones, que aman con todo el corazón y que (me ha pasado) son incapaces de esperar nada malo de los demás por falta de empatía o yo que sé de qué. A pesar de lo blanda que soy en tantísimos casos, prefiero que me vengan con la verdad siempre, porque al final, la verdad me va a doler un tiempo pero se supera, pero ¿vivir en una mentira?.
Vamos de duras pero no. Nos mienten, nos engañan, nos hacen daño en lo más profundo y seguimos queriendo. Y no sé si será falta de experiencia pero eso de la frialdad yo creo que nunca va a ir conmigo. Y mira que me jode. Admiro a esas tías que me vienen dando consejos de como ser fría con los hombres, de como no sufrir, de como seguir adelante con la cabeza bien alta y los tacones puestos. Yo lo intento, de verdad. Pero cuando viene uno que te toca el corazón, por mucho que lo intente, me es imposible. No puedo hacer como esas personas que parecen de hielo, como si nada les importase. Y sí encima a esto se le une el hecho, de qué (como yo) eres totalmente transparente y se te nota todo enseguida, pues más difícil todavía.
Y no será por tonta, que inteligente soy un rato largo, pero en cuestiones del corazón, la cabeza no tiene nada que hacer. Y yo, como tú, seguiré creyéndome sus mentiras porque… Aunque dicen que no hay peor ciego, que el que no quiere ver, yo creo que no hay peor ciego, que el que ya ha visto la realidad y decide volver a cerrar los ojos.

-J.

lunes, 8 de abril de 2019

Mis verdaderos.

Cuando era más pequeña creía en eso de la eterna amistad. Siempre he sido un poco estúpida a la hora de entregar mi amor incondicionalmente y… así me va. Hoy he decidido hablaros de mis amistades.
Cuando tenía 11 años mi mejor amiga se fue (a escondidas de mí obvio) con el chico que me gustaba/encantaba/me tenía encoñada hasta las trancas. Imagínate el trauma que supuso para mí cuando me enteré de la movida. Traicionada por mi mejor amiga y mi amor platónico. Que al final aprendí que de mejor amiga no tenía una mierda, y que el tipo en cuestión no valía un duro. Al final, tras dos semanas de relación, el karma los separó aunque para ese entonces a mí ya me la sudaba bastante. Más tarde me enteré que mi supuesta mejor amiga ni siquiera le gustaba ese chico, que sólo lo hizo para hacerme daño, y que cuando decidí pasar de ellos entonces ellos cortaron.
Con 13 años le volví a dar una oportunidad a esa chica, y volvimos a ser amigas. Yo tenía novio y ella también. Más tarde mi supuesta mejor amiga dedicaba sus días a reírse de mí para quedar bien con los tíos molones del barrio. En ese entonces me sentía mal conmigo misma por que lo hicieran. Incluso me creía culpable. Con el tiempo descubrí que hay gente que necesita menospreciar a otros para satisfacer sus egos. Esa era ella.
Con 16 años hice otra mejor amiga cuya envidia pudo con nuestra amistad. Ella se metía conmigo día sí y día también, pero un día ella estaba muy mal, y yo como tonta que soy, la ayudé. Nos hicimos muy amigas, porque a ella le encantaba llamar la atención y a mí me encantaba ser invisible. Hasta ahí bien, el problema vino cuando dejé de ser tan invisible. La chica empezó amando como era a acabar odiando que otros también lo amaran. Y así un día se piró lejos, y menos mal.
También tuve la típica amiga pirada que se dedicó a publicar cosas personales de mi vida en Facebook cuando nos enfadamos (cuidado con estas), otra que no podía soportar que me llevara bien con el chico que YO le presenté, y otra que simplemente pasó de mí porque le salió del coño y listo.
La verdad es que quien lee esto piensa que lo mío no es la amistad, pero todo lo contrario. Gracias a estas experiencias, hoy puedo decir que sé quienes son mis amigas. Tengo una amiga, que no la llamo mejor amiga por no gafarlo y porque es más que eso, es mi hermana de distinta sangre. Tengo otra que es mi hermana de verdad, que a pesar de todo siempre me ha apoyado, incluso en la mayoría de chorradas que pasan por mi cabeza. Por otro lado, también tengo amigos, tengo dos mejores amigos, que están conmigo en mis subidas y en mis bajadas. Y cómo agradezco a todos los que se han ido que me hayan hecho así, y que hayan dejado espacio a los que de verdad se merecen estar ahí. La amistad es complicada, difícil, sin embargo debe ser pura y sincera. Y mira, pasarán muchos amigos por tu vida, pero en tus manos está decidir quien se queda. 
Yo, por mi parte, decidí quedarme con aquellas que me quieren como soy. Y serán pocas, pero ¿sabes qué? Son verdaderas.


-J.

jueves, 4 de abril de 2019

Sólo importa el hoy.

No hay nada que más me haya destruido que el “algún día”. Algún día estaremos juntos, algún día cambiará, algún día se dará cuenta, algún día me querrá, algún día…
Y, ¿sabes qué? Estuve casi cinco años esperando ese puto día y nunca llegó porque en realidad no existe el “algún día”. Las películas y series de televisión nos nublan la cabeza con historias de amor inacabadas, y gilipolleces varias, las típicas que se encuentran, se enamoran, hay unos problemas que no les dejan estar juntos pero acaban juntos igual. Y, claro, nosotras acabamos como retrasadas esperando cosas que no existen y que no van a pasar. Y mientras, perdemos el tiempo, y la vida. Nos arrastramos detrás de tíos que no nos quieren, nos inventamos futuros que nunca llegarán y sufrimos por cosas absurdas mientras la vida sigue y no nos espera. Que en la práctica es mucho más complicado, está claro. A mí me costó siglos entender que por muchas historias de amor que me inventara antes de irme a dormir, el chico por el que perdía la cabeza no iba a cambiar. Que muchas veces lo de ser un cabrón es de por vida, y no queda otra que coger la cabeza y pirarse lejos (muy lejos). Porque si no te quiere, pues no te quiere, duele pero se supera, mejor que no te quiera él antes que no te quieras tú, ¿no?.
Que el amor verdadero no va de arrastrarse continuamente ni tener depresiones. El amor es otra cosa, es querer y que te quieran. Es respeto, confianza, honestidad, sinceridad. Es quererse a uno mismo para poder querer al resto; porque, dicen ´´si no te quieres a ti mismo no vas a conseguir que nadie te quiera´´, algo que no es cierto, pero si es cierto que si no te quieres a ti mismo, no vas a creer que alguien te quiere.El amor verdadero es saber lo que merecemos para no conformarnos nunca con lo que les sobra a los demás. Es pasar de todos esos “algún día” y ser feliz con el único día que realmente importa: el de hoy.



-J.

lunes, 1 de abril de 2019

Relaciones tóxicas

Nunca he entendido a esas parejas super ultra inseparables que no se separan ni para cagar. Que tengo amigas que, atención, LE PIDEN PERMISO a sus novios para ir a tomarse una coca cola conmigo, su amiga de toda la vida. ¿Hola? ¿En qué puto mundo vivimos?
Que tampoco voy a ir yo de mega guay, que también tuve un novio así. Pero tenía 12 años, estaba muy perdida en la vida y creía demasiado en el ´´para siempre´´ que me prometía. Pero eh, con mi corazón roto lo mandé a la mierda en cuanto me di cuenta de cómo era realmente. Y, oye, él tenía sus dos cojones de decirme lo que me tenía que poner, como tenía que comportarme, lo putas/no putas que eran mis amigas, lo que mis amigos pensaban de mi, y lo mala que era mi familia por no dejarnos estar juntos. Al principio le hacía caso en todo, ya que no quería perderlo, pero yo como buena mujer moderna e independiente (y cabezota) que soy dejé de hacerle caso. Lo quería, claro, pero querer no lo es todo. Porque si nos ponemos a querer pues más me quiero yo.Tampoco voy a ir de durita que llorar lloré lo suyo,y me costó horrores superarlo, pero lo superé. Por eso cuando veo a chicas más jóvenes que yo metidas en relaciones tóxicas con novios obsesivos posesivos me veo a mí misma. Más joven, más tonta, más inmadura y sobre todo más ingenua. Y me alegro, me alegro de haber sabido superar esa mierda; y espero que esas chicas también lo superen, porque aunque se llame relación tóxica, de toda la vida, las personas que tratan así, supuestamente, a la persona que más quieren, lo que son es GILIPOLLAS.
Que la mejor manera de aprender es equivocarse, y mejor con 17 que con 50. Porque, mira, puede que aún no tenga muy claro lo que quiero, pero lo que sí tengo claro es lo que NO quiero.

-J.