Cuando era más pequeña creía en eso de la eterna amistad. Siempre he sido un poco estúpida a la hora de entregar mi amor incondicionalmente y… así me va. Hoy he decidido hablaros de mis amistades.
Cuando tenía 11 años mi mejor amiga se fue (a escondidas de mí obvio) con el chico que me gustaba/encantaba/me tenía encoñada hasta las trancas. Imagínate el trauma que supuso para mí cuando me enteré de la movida. Traicionada por mi mejor amiga y mi amor platónico. Que al final aprendí que de mejor amiga no tenía una mierda, y que el tipo en cuestión no valía un duro. Al final, tras dos semanas de relación, el karma los separó aunque para ese entonces a mí ya me la sudaba bastante. Más tarde me enteré que mi supuesta mejor amiga ni siquiera le gustaba ese chico, que sólo lo hizo para hacerme daño, y que cuando decidí pasar de ellos entonces ellos cortaron.
Con 13 años le volví a dar una oportunidad a esa chica, y volvimos a ser amigas. Yo tenía novio y ella también. Más tarde mi supuesta mejor amiga dedicaba sus días a reírse de mí para quedar bien con los tíos molones del barrio. En ese entonces me sentía mal conmigo misma por que lo hicieran. Incluso me creía culpable. Con el tiempo descubrí que hay gente que necesita menospreciar a otros para satisfacer sus egos. Esa era ella.
Con 16 años hice otra mejor amiga cuya envidia pudo con nuestra amistad. Ella se metía conmigo día sí y día también, pero un día ella estaba muy mal, y yo como tonta que soy, la ayudé. Nos hicimos muy amigas, porque a ella le encantaba llamar la atención y a mí me encantaba ser invisible. Hasta ahí bien, el problema vino cuando dejé de ser tan invisible. La chica empezó amando como era a acabar odiando que otros también lo amaran. Y así un día se piró lejos, y menos mal.
También tuve la típica amiga pirada que se dedicó a publicar cosas personales de mi vida en Facebook cuando nos enfadamos (cuidado con estas), otra que no podía soportar que me llevara bien con el chico que YO le presenté, y otra que simplemente pasó de mí porque le salió del coño y listo.
La verdad es que quien lee esto piensa que lo mío no es la amistad, pero todo lo contrario. Gracias a estas experiencias, hoy puedo decir que sé quienes son mis amigas. Tengo una amiga, que no la llamo mejor amiga por no gafarlo y porque es más que eso, es mi hermana de distinta sangre. Tengo otra que es mi hermana de verdad, que a pesar de todo siempre me ha apoyado, incluso en la mayoría de chorradas que pasan por mi cabeza. Por otro lado, también tengo amigos, tengo dos mejores amigos, que están conmigo en mis subidas y en mis bajadas. Y cómo agradezco a todos los que se han ido que me hayan hecho así, y que hayan dejado espacio a los que de verdad se merecen estar ahí. La amistad es complicada, difícil, sin embargo debe ser pura y sincera. Y mira, pasarán muchos amigos por tu vida, pero en tus manos está decidir quien se queda.
Yo, por mi parte, decidí quedarme con aquellas que me quieren como soy. Y serán pocas, pero ¿sabes qué? Son verdaderas.
-J.
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