Es un poco triste que la vida tenga que ser así en ciertos aspectos. Que en esta guerra también llamada vida en la que sobrevivimos día a día sea necesario tener que perder la inocencia para poder seguir adelante. Luchar lo llaman.
Siempre me han considerado una chica agresiva. Y no lo entiendo. Me avergüenzo de ello. En algún lado leí: “Usted dice que mi hija es agresiva, doctora, y no quisiera cuestionarla, pero mire la vida que lleva. Mi hija no es agresiva, lo que es es valiente.”
Y por si ahora vienen los cuatro haters de turno a decirme que hago apología a la violencia y todas esas mierdas, sabed que no es eso a lo que voy. Lo que quiero decir es que muchas veces nuestros arrebatos violentos son originados por todas las mierdas a las que nos tenemos que enfrentar en el camino. Y OJALÁ. Ojalá fuera una chica pacífica y paciente, ojalá pudiese tenerlo todo bajo control las 24 horas del día. Pero mira, la verdad es que no puedo, y a veces ni quiero.
Por cada obstáculo que se me presenta saco los dientes. Por cada insulto que recibo me veo obligada a defenderme. Por cada hostia que me dan doy una de vuelta. Por cada cabrón/cabrona que me hace daño, mi corazón se vuelve un poco más frío, y mi odio se incrementa. Y mira, yo no quiero, pero la verdad es que a odiar se aprende queriendo muchísimo. Y cuando te hacen daño de la manera más cruel y fría, el corazón no puede evitar congelarse un poquito con cada decepción.
Y la verdad, doctora, es que yo no soy agresiva, lo que soy es valiente.
-J.
Me siento identificado
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