lunes, 6 de mayo de 2019

Olvido.

Dicen que para olvidar a alguien no hay mejor medicina que el tiempo, que la distancia hace el olvido, que todo pasa por algo. Sin embargo, hay personas que marcan un antes y un después en nuestras vidas, y aunque nos resistamos viven con nosotros cada día (en una canción, en un olor, en una conversación...)
Nos empeñamos en borrar de nuestra mente a aquellas personas que se han ido, por las que hemos sentido, deseamos olvidar miradas, sonrisas e incluso momentos. Dicen que es tan corto el amor y tan largo el olvido...y quizás sea, porque sencillamente, no debamos olvidar, sino aprender a vivir con el recuerdo, por sin él, no seríamos lo que somos. Porque mirándolo desde fuera, no crecemos con los años, sino con los daños, y nuestra personalidad no sería la misma si no nos hubiésemos equivocado tanto, sino nos hubieran hecho tanto daño. Estamos hechos de experiencias del pasado. Somos lo que somos gracias a esas personas, las que se han ido y las que siguen ahí. Las que nos han hecho tan fuertes, y otras veces, tan vulnerables, con las que hemos conocido el miedo, el riesgo, el amor, la inocencia, la ilusión y la decepción, personas que nos han permitido conocernos un poco más.Y es que hay personas que vale la pena recordar. Ese momento en el que pensabas que no ibas a volver a enamorarte, que no volverías a ser feliz y que nadie iba a quererte, pero de repente llega una persona que te demuestra que tu corazón está mas vivo que nunca, y te das cuenta de que después del primer amor llega el segundo, y que lo que te dolía hace dos días hoy te parece una tontería; o ese momento en el que descubres lo que te da estabilidad y lo que te hace dudar. Estos son los momentos que forman nuestra personalidad y que generan sentimientos que guían nuestro camino.
Y el truco está en saber elegir qué olvidar. Si esa persona te duele, olvídala, pero quédate con el porqué quieres olvidarla. De lo contrario, corres el riesgo de volver atrás. La realidad es una, aunque a veces parezca la opción más dolorosa, igual que lo malo viene, se va. Y es más fácil aceptarla si te apoyas en hechos del pasado, si tienes presente lo que fue, para entender por qué hoy no es. Borra su cara, sus caricias, sus enfados, sus sorpresas, pero no borres lo que te hizo sentir, no borres lo que sentiste cuando te abrazó en el momento que más lo necesitaste, y tampoco olvides su desprecio que te hizo llorar toda la noche.
No olvides lo bueno para vivir en paz y no olvides lo malo para sonreír porque ya no está.

-J.

No hay comentarios:

Publicar un comentario