A lo largo de mi vida me han gustado pocas personas de verdad, no he sido de las típicas chicas que cada semana le gustaba un chico diferente. Tengo muchos conocidos, pero muy pocos amigos, de hecho puedo contar con los dedos de una mano a las personas en las que confío plenamente. Me han decepcionado tres millones de veces, pero también me han sorprendido unas cuantas. Soy de las personas que siempre piensa mal, que soy negativa, porque prefiero sorprenderme que decepcionarme. Siempre digo que las primeras impresiones pueden engañar, pero suelo juzgar a primera vista, porque hay personas que las ves venir enseguida. No suelo llevar reloj casi nunca, aunque para mí el tiempo es importante. En un día, puedo decir la palabra odio unas mil veces. Odio las mentiras (más que cualquier otra cosa), el café, mis cumpleaños, la gente sin personalidad, los gilipollas sin razón, entre otras cosas... pero también adoro muchas otras cosas como dormir, hacer el tonto, cantar, pasar el rato con mis fundamentales, las pelis en compañía, su compañía...
Nunca me olvido de alguien que me ha querido de verdad. Soy muy impulsiva. Intento olvidarme y deshacerme de mis impulsos, pero me pueden, y la mayoría de las veces actúo y luego pienso. Por cabezota, he perdido muchas veces, pero he ganado otras tantas. Conmigo nunca nada está perdido, porque dicen que ninguna causa está perdida mientras haya algún insensato dispuesto a luchar por ella, y esa insensata suelo ser yo. No sé si está bien o mal mi forma de actuar, pero a estas alturas ya me da igual. No me gusta que opinen de mi, o que hablen de mí si yo no estoy delante, y si haces eso no tienes nada que hacer (aunque eso es algo que no se puede evitar, sobre todo la gente que no tiene vida). Quizás no soy la chica que todo hombre quiere, pero al menos no soy la chica que cualquiera tiene.
-J.
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