miércoles, 20 de marzo de 2019

Cobardes.

Que fácil es mirar a otro lado y salir corriendo cuando las cosas se complican. Cobardes los llaman. Porque mira que me he cruzado con personas horribles en mis 18 años, pero los cobardes, a esos no quiero ni verlos.
Y cuando digo cobardes me refiero a esos tíos que no se mojan en absolutamente nada, que prefieren vivir en los límites, que no se manchan ni las manos, esos tíos a los que les faltan los cojones que a otras, cariño, nos sobran. Porque cuando eres un crío, sin oficio ni beneficio, eso de la responsabilidad se les queda un poco (demasiado) grande.
Pero ojo, que el problema no es la inmadurez, ni la irresponsabilidad, ni el hecho de ser un auténtico gilipollas. El problema viene cuando se venden como lo más maravilloso del mundo. Cuando su ego es incluso más grande que su retraso. Cuando no son capaces, ni si quiera, de asumir sus putos errores. Y cuando, encima, tienen la cara de quedar bien puestos delante de sus amigos y conocidos, como si ellos fueran los mejores, como si toda la mierda que hubiesen hecho no tuviera nada que ver con ellos. Como si la mierda fuéramos nosotras, que lo único que hacemos es luchar, comiéndonos nuestro marrón, y el suyo.
Basura. Eso son para mí los cobardes. Se esconden detrás de lameculos, tías sin personalidad y chantajes emocionales. Detrás de todo aquello que le sirva de muro para no enfrentarse a la puta realidad. Para no enfrentarse a la puta vida. Y todavía van de dignos, creyéndose los mejores y dejando por el suelo a los demás.
A algunos la palabra hombre les queda demasiado grande, y estoy cien por cien segura de que algún día, cuando miren atrás, se darán cuenta de la tremenda cagada que hicieron. Cuando sus hijos tengan capacidad para entender, cuando la justicia les robe la libertad o cuando pierdan lo que más aman en el mundo.
Y te voy a decir una cosa, colega, cuando pase la tormenta, ni se te ocurra pasarte por aquí, que los cobardes.. no nos hacen falta.




-J.

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