lunes, 17 de junio de 2019

Los dieciocho.

Y si con dieciocho años no haces lo que te da la gana dime entonces cuándo. ¿Cuándo?
No hablo de cosas como no hacerle caso a tus padres, ni escaquearte de tus obligaciones, no. Cuando hablo de hacer lo que te da la gana me refiero a ser tu misma sin importar lo que opinen los demás, elegir lo que quieres ser y lo que quieres hacer, y las personas que quieres que te rodeen. Eso sí que puedes elegirlo, y además está en tus manos. Hablo de pintarte las uñas de negro si eso es lo que quieres, de tintarte el pelo de azul, de escuchar Camela o Beret, o de comer dos bolsas de pipas diarias, hablo de sonreír porque quieres y no para complacer a nadie, y de enfadarte si te dan los motivos necesarios, hablo de saltar por la calle y cantar a pleno pulmón tu canción favorita, o gritar su nombre o el tuyo las veces que te dé la gana, hablo de decidir tu vida a tu manera porque para eso es tuya, y los demás que aporten o se aparten, hablo de afrontar las cosas como quieras o puedas, hablo de saber reírte hasta de ti mismo, hablo de llamar la atención por tu forma de ser, por ser tú. Hablo de encerrarte en tu habitación y ponerte los cascos a tope y cantar canciones con palabras que no existen, de leer libros por la calle o de no leerlos si no te gusta, hablo de querer, hablo de sufrir y de aprender de los errores, hablo de confesar tus secretos a quién quieras y a quién te dé la gana. Puedo hablaros de muchas cosas, pero de lo que no puedo hablar es de enamorarte, porque eso no lo eliges tú, ni tú ni nadie.
Porque tenemos toda la vida por delante, para equivocarnos y para aprender. Pero ahora, a los dieciocho, es el momento de equivocarnos, y de arriesgarnos, tenemos toda la vida para aprender. Porque si no es ahora, ¿cuándo?

-J.

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